El aluvión de Tocopilla fue multifactorial, con un desencadenante meteorológico, pero también con cuencas capaces de concentrar rápidamente la escorrentía y abundante material sedimentario disponible para ser movilizado. Asimismo, la activación de las quebradas Roca Roja y Jorgillo en Antofagasta se explica por la coincidencia entre la distribución espacial de la lluvia y las características propias de ambas cuencas.
La geóloga y candidata a doctora del Programa de Doctorado en Ciencias mención Geología de la Universidad Católica del Norte (UCN), Francisca Roldán Marambio, analizó en detalle los eventos más llamativos que produjo la baja segregada que durante los últimos días afectó al Norte de Chile.
La experta, que lleva años estudiando los riesgos de aluviones y remociones en masa en distintas zonas del país, subió a los cerros de Antofagasta en plena emergencia climática para constatar la situación de distintas quebradas y con ello el peligro ante las fuertes precipitaciones. Una vez pasada la emergencia dio a conocer su primera impresión respecto de los aluviones acaecidos en Antofagasta y Tocopilla.
En el caso de esta última ciudad, hizo notar que en un ambiente hiperárido no es indispensable que todo el suelo alcance una saturación completa para generar escorrentía. “Las precipitaciones pueden superar rápidamente la capacidad de infiltración de superficies rocosas, suelos encostrados y depósitos poco permeables. El agua escurre entonces por laderas de alta pendiente, converge en la red de drenaje -quebradas principales y tributarios- y comienza a incorporar sedimentos disponibles en los cauces y conos aluviales”, explicó.
En Tocopilla, agregó, se activaron sistemas de cuencas muy diferentes. La quebrada Huella Tres Puntas posee una superficie aportante considerable (aproximadamente 46 km2) y, por tanto, una mayor capacidad para reunir escorrentía desde numerosos tributarios. En ella existen 15 pozas de decantación y 15 barreras de retención, diseñadas para almacenar aproximadamente 40.000 m³ de material. “Durante este evento las obras retuvieron parte importante de los sedimentos, especialmente la fracción gruesa, pero alcanzaron su capacidad y fueron sobrepasadas, permitiendo que agua, barro, clastos, bloques y material fino continuaran hacia el área urbana”.
Distinto es el caso de la quebrada Reverso, asociada al sector Tres Marías/Pacífico Norte. Con aproximadamente 0,53 km² corresponde a una microcuenca, pero su pequeña superficie no significa ausencia de remociones en masa. Al tener pendientes pronunciadas, con roca expuesta produciendo escorrentía directa y sediento en las partes bajas de las quebradas y encontrarse inmediatamente sobre la urbanización, tiene un tiempo de concentración muy reducido: la escorrentía puede llegar rápidamente a la desembocadura y con escaso tiempo de advertencia.
En esta microcuenca, específico Francisca Roldán, existe roca expuesta en las laderas y material no consolidado en el fondo del cauce, incluyendo bloques, gravas, arenas y fracciones finas. Además, cerca de la desembocadura se observa un antiguo acopio antropogénico de ripios o áridos. Este material no aumenta por sí mismo el caudal de agua, pero sí puede aumentar la disponibilidad de sedimentos, la concentración sólida y el volumen total movilizado. Además, puede reducir, obstruir o desviar el caudal natural. Por eso constituye un factor antrópico que pudo intensificar el impacto en Pacífico Norte.
ANTOFAGASTA
En cuanto a lo ocurrido en la capital regional, la geóloga UCN dijo que la baja segregada produjo precipitaciones heterogéneas: los montos y, especialmente, las intensidades pudieron variar considerablemente entre diferentes sectores. “Es muy probable que núcleos de precipitación más intensa se concentraran sobre el frente montañoso del sector Sur y sobre las cabeceras de estas cuencas en un periodo de tiempo determinado. Sin embargo, esto debe presentarse como una hipótesis meteorológica plausible hasta contar con información de radar, estaciones en altura o una reconstrucción postevento”.
Añadió que Roca Roja posee una extensa superficie de captación (165 km2 aproximadamente) denominada como macro-cuenca, una red capaz de concentrar aportes desde distintos tributarios, pendientes importantes y abundantes sedimentos disponibles. Jorgillo, en tanto, constituye un sistema hidrográfico independiente (19 km2 aproximadamente), pero también concentra rápidamente la escorrentía hacia el sector urbano de Coloso. La orientación semejante de ambas cuencas pudo favorecer una respuesta comparable si quedaron bajo la misma franja de precipitación.
“La generación de los flujos no depende únicamente de un solo factor. En el área existen unidades sedimentarias, volcánicas, volcanoclásticas e intrusivas, además de depósitos aluviales, coluviales y eólicos no consolidados. Estos últimos y el material previamente almacenado en los cauces representan las principales fuentes susceptibles de removilización. Las altas pendientes favorecieron la erosión, incorporación de sedimentos y propagación de los flujos hacia las rutas y Caleta Coloso”, especificó la geóloga.
OBRAS ALUVIALES
Consultada por si las obras aluviales de Tocopilla cumplieron con su función, Francisca Roldán señaló que, en el caso de Huella Tres Puntas, sí funcionaron, pero alcanzaron su límite operacional. “Su función principal es retener bloques, gravas y parte de la carga sedimentaria, además de reducir la energía y retardar la propagación. No fueron construidas para eliminar completamente la escorrentía”, detalló.
Las 15 pozas y 15 barreras fueron diseñadas para retener alrededor de 40.000 m³ de material, agrega. “El MOP ha señalado que el sistema funcionó, y las imágenes son consistentes con una retención importante de sedimento grueso. Sin esas obras, probablemente habría descendido hacia la ciudad una mayor concentración de bloques y gravas. Sin embargo, se debe reevaluar el caudal que pueden contener estas obras, ya que el escenario ideal es que una obra de contención sea capaz de retener un mayor volumen de caudal y así evitar esos cuantiosos volúmenes de flujo desplazados por la ciudad”, sentenció.
Respecto de calle Copiapó, dijo que el encauzamiento urbano parece haber dirigido parte del flujo y reducido su dispersión lateral, lo que probablemente evitó una afectación mayor. “Pero una vía utilizada como corredor hidráulico también concentra velocidad y profundidad, por lo que no transforma el sector en seguro, sobre todo considerando la altura de las paredes del encauzamiento que no evitaron daños en casas aledañas”, finalizó.